21 de junio de 2010

Día 20

"Calor es lo que recorre mi cuerpo. Y frío; tiemblo como un niño solo ante la oscuridad de la noche. Estoy reforzando el refugio no sólo por el tema climático; temo que alguien o algo me ataque en la noche. Cada vez tengo la sensación más fuerte de no estar solo aquí. Donde ahora duermo es el segundo refugio que he construido. Abandoné el primero, que estaba a ras de suelo, cuando me sorprendió una serpiente enorme mientras dormía en mi lecho. El nuevo esta elevado un metro del suelo y rodeado por un pequeño foso en el que permanece ascuas y pequeñas llamas durante la noche. Toda precaución es poca. A veces pienso que estoy enloqueciendo. Siempre me creí un hombre capaz de afrontar cualquier reto racional y valientemente. Ahora si no fuera porque marco con un muesca cada día en un palo que hace las veces de calendario, pensaría que en lugar de 20 días llevo 20 años en este lugar. Al día prácticamente no le temo, pero el anochecer me abruma profundamente. Por la mañana soy un implacable cazador (la cantidad de lagartos, ratas gigantes, pájaros, y otros suculentos seres vivos que han pasado por mi hoguera dan fe de ello), pero en la madrugada me siento vulnerable ante la más pequeña pulga. Si a medio día uno de mis gritos hace salir volando a bandadas enteras de pájaros de todos los árboles de alrededor, en la oscuridad, el más mínimo chasquido de una rama hace que mi corazón se acelere enloquecido.
Sinceramente, espero que alguien venga pronto a rescatarme, o al menos conseguir apaciguar mis miedos. De otro modo moriré de terror."

Blas Alacaçobas